ExperienciartE

Para ser sinceros desde el principio, diré que no argumentare con una observación hipócrita sobre el museo de arte moderno y sus piezas en exhibición, pues más que hablar de un museo, esta me resulta una importante oportunidad para hablar sobre arte, sobre mi visión y sobre lo que verdaderamente he visto en aquel lugar que pretende fomentar el arte, no me voy a hacer un pequeño escritorsillo políticamente correcto en cuanto al tema, pues la calificación sería poco mientras pueda mostrar mi punto.

Primero que nada, no soy un gran artista en lo que cabe, lo quiero ser, me esfuerzo en ello podría decirse, no es un problema para mí darle una interpretación a un cuadro pues el arte es subjetivo y tú puedes ver como arte la parada del camión y yo puedo ver como arte un casquillo de bala en el suelo.

Había una exposición justo el día y la hora en la que decidí postrar mi dos bellos pies en el vestíbulo de aquel lugar ¿El artista? Un tal Boris Viskin ¿El nombre de la exposición? “La belleza llegará después” Es aquí donde comienza el tema “Duro”, la exposición estaba llena de gente con aspectos de reputaciones renombradas, ropas elegantes y acentuaciones marcadas en sus voces, el mismísimo artista observando a la gente pasar y regodearse en frente de sus obras, las cuales a mi parecer eran una clara representación de la belleza caótica de la cotidianeidad, en otras palabras, como lo simple y feo después de ser admirado durante cinco minutos comienza a tener chiste y verse bien dentro de la mente de uno, puedo decir que si tenía un tono bastante pretencioso y marcado entre los snobs fanáticos del postmodernismo “Under” del que estaba rodeado y es que en sí la exposición era una orgía desenfrenada de hipocresía y halagos hacia gente que en realidad solo busca la aceptación de un grupo social superior por sus gustos y billeteras (Claramente más llenas que la mía), el artista hizo un buen trabajo, no me malinterpreten, me costó digerir Esu trabajo y me hizo sentir lo planeado, elk arte debe hacer exactamente eso, producir un sentimiento (Aún creo que es más favorable para mí apreciar el arte de Caravaggio o Tamayo incluso) Si el tema de Viskin hubiera sido crear una obra de arte colectiva e interactiva lo hubiera logrado pues el ambiente de aquella sala con iluminación fúnebre era el perfecto retrato de un velorio sin muerto al cual velar, pero con las mismas actitudes curiosamente planteadas, si me preguntan, entre tantas metáforas representadas en óleos Ay demás como pedazos de madera pintados o un pequeño juguete de luchador sosteniendo dos grandes pedazos de madera me resultaba difícil distinguir si el extintor en la sala era para emergencias o para apreciarlo.

Aún así no se puede negar que había obras verdaderamente geniales.

“El cementerio de los dibujos”, de Viskin. imagen cortesía de el INBA

Sin duda la pieza de un martillo cubierto por un cubo de cristal era la más curiosa para admirar, no lo voy a negar, era una función verdaderamente camaleónica que me produjo desagrado y asco pero que a fin de cuentas me dejó con ganas de más, hablar del museo en sí sería aburrido pues de seguro cientos y cientos de explicaciones técnicas sobre el tema hay muchas y todas igual de aburridas, yo utilizo mi experiencia y vivencias ese día pues soy afortunado de haber experimentado en carne propia el arte moderno como si de una catarsis se tratara, algo es un hecho, no vuelvo a ver el arte de la misma forma.

 

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