Crítica a ‘Wreck-it Ralph’

Ralph El Demoledor / ¡Rompe Ralph!

2012

Walt Disney

Dirigida por Rich Moore

Con John C. Reilly y Sarah Silverman

En 1995, Toy Story nos mostraba un mundo donde los juguetes hacían de las suyas cuando no había humanos en el acto. Casi veinte años después, Wreck-it Ralph nos presenta una versión moderna del mismo, en una época donde los niños prefieren los videojuegos a los juguetes.

Cuando el Centro de Videojuegos cierra por la noche, los personajes de arcade dejan su vida mecanizada y controlada por asquerosos humanos para viajar de juego en juego o, en otras palabras, vivir bajo su libre voluntad (algo que envidiarían los más masónicos pensadores de la Ilustración francesa). Uno de ellos, Ralph El Demoledor, luego de 30 años de hacer de villano para su videojuego, se siente insatisfecho consigo mismo y decide entrar a la casa de los buenos por primera vez, donde descubre que tiene la oportunidad de ganarse su respeto consiguiendo una medalla. Cuando decide viajar a otro videojuego y la obtiene, se va inmiscuyendo en una serie de acontecimientos que lo convierten en el héroe por primera vez, además de otorgarle la amistad de una pequeña niña llamada Vanellope von Schweetz, protagonista de otro juego arcade popular.

Uno comienza con la intención de ver referencias a los juegos dhe zu hinfanzia y termina siendo testigo de una historia conmovedora, que va más allá de lo que prometía: simples referencias a los videojuegos clásicos. Resulta que este fue un mero recurso comercial, ya que no influye mucho en la trama, sino más bien que la adorna y le dota de más realismo, porque son personajes que nos podemos encontrar en juegos reales y nos brinda la emoción de decir: «¡Oh, mierda! ¡Mirá a M. Bison y Zangief! ¡OH POR DEOX, AHÍ ESTÁN BOWSER Y EL DR. EGGMAN!».

Disney debería vender pañuelos en la entrada a los cines cuando estrena sus películas, porque saca lágrimas tanto a niños como a adultos. Digo, la relación entre Ralph y Vanellope es algo que conmueve a más de uno, pues tiene sus altibajos, como en toda amistad de carne y hueso.

Ralph comienza siendo el malo y termina siendo el malo, la única diferencia es que antes lo rechazaban y después lo ponen en una suerte de trono social gracias a sus hazañas. Entonces, como protagonista, cumple con su súper objetivo y supera los conflictos que se le van presentando. Cierto, es un maldito envidioso de mierda: solo quiere fama, poder, reconocimiento, ¡honor y gloria!, todo lo que tiene Félix y él no. Sin embargo, conocer a Vanellope lo cambia, ya que consigue una verdadera amiga por primera vez, y llega al punto de sacrificarse por ella, dejando de lado su tremendo egoísmo.

 Por su parte, Vanellope, considerada falla o glitch del juego, es una chiquilla traviesa que comienza siendo molestosa y desagradable, al punto que sentimos compasión por Ralph al ser jodido por ella. De hecho, incluso su voz doblada al español latino es horrenda, la hace parecer una viejita, o una niña con grandes problemas de garganta, pero, pero… ¡Es nada más y nada menos que María Antonieta de las Nieves! No podemos despreciar a nuestra querida Chilindrina :’). Sin embargo, también podemos sentirnos identificados con su dolor, el no poder ganar esa carrera para ser un personaje seleccionable de Sugar Rush, es… es… ¡recontra frustrante! ¡Puto Ralph, destrozaste su kart!

 Hablando de Sugar Rush, la sorpresa aquí la dan los créditos, donde por primera vez en una película de Disney escuchamos nada más y nada menos que… ¡una canción en japonés! Ay sí ay sí, “¡mis waifus de AKB48 y mis monos chinos triunfarán para consolidar el Imperio Otaco en todo el mundo!”. Caguayy desu ne?

 En cuanto a mensajes subyacentes, hay una parte clave en esta cinta (casi al final), donde se nota a leguas que los productores quieren implantar la noble, amorocha y pechocha ideología de la democracia (o más bien algo similar) a los niños: Vanellope renuncia a ser una princesa y propone una ‘monarquía constitucional’. Esto denota un desprecio a gobiernos autoritarios por parte de los realizadores. ¿Es esto bueno? ¿Es esto malo? No, solo algo curioso, pero importante de notar.

 También tenemos al liberalismo amoroso, representado por la sargento Calhoun y Félix El Reparador. Cuando ella estaba a punto de casarse, su novio es asesinado por unos malditos insectos de su videojuego, Hero’s Duty. Luego, cuando conoce a Félix, este le recuerda a aquel, y poco a poco va enamorándose de él, al punto que se terminan casando. La boda estaría más justificada si ella hubiera tenido ya un hijo y necesitara la figura de un padre para que crezca sanamente; pero no, no lo tiene, se casa por un pinche capricho amoroso. Reitero que esto tampoco es algo por lo que debamos condenar la película, sino más bien un detalle que nos revela la ideología de quienes la realizan. Y de hecho, podríamos tomarlo estrictamente como un “consigue una segunda oportunidad”, ya que prácticamente Calhoun no pudo consolidar estrictamente su matrimonio antes de que asesinen a su prometido, así que no estaría ‘volviéndose’ a casar… ¡Oh!

 Esperen… Entonces, el mensaje subliminal de la película, con dos elementos importantes: libertad más democracia, dan igual a… a…

Knock Knock it's us freedom & democracy

Gringos tenían que ser.

 Bueno, lo más coherente que podemos hacer es reírnos de estas cosas, no ser unos paranoicos que ven illuminatis hasta en la sopa. En general, Wreck-it Ralph es disfrutable, desata el factor nostalgia (por las referencias a juegos retro) pero no lo toma como parte de su premisa, sino más bien como un complemento, porque lo que de verdad enseña es una historia de amistad y que los personajes de videojuegos también tienen sentimientos.

 De todos los videojuegos que aparecieron allí (que no fueron muchos), el que más me dio ganas de jugarlo es: ¡el bendito Sugar Rush! ¡Pero mirá las nenas! ¡Son tan adorables!

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‘Tan como pa’ ehtirarleh loh cacheteh, ¿viteh?

 En fin, como veredicto, podemos decir que su nivel de calidad es: tan buena que puede hacerte derramar una pequeña lagrimita que ponga en duda tu masculinidad.

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