Crítica a ‘The Intern’

Pasante de Moda / El Becario

2015

Warner Bros.

Dirigida por Nancy Meyers

Con Robert de Niro y Anne Hathaway

 No me suelen llamar la atención las películas de come-drama o del tipo slice-of-life, e incluso por un momento deseché a esta cinta de mi plan to watch porque pensaba: «¡Bah! ¿Solo me llamó la atención por ser lo último de Hathaway? ¡Debe ser normie y estúpida como el resto!». Estaba terriblemente equivocado.

 The Intern narra la historia de Ben Whittaker, un hombre viudo y jubilado de 70 años que trata de buscarle un nuevo sentido a la vida, un nuevo comienzo, o en sus propias palabras, “un lugar adonde ir todos los días”. Encuentra la oportunidad perfecta en una pequeña empresa llamada About the Fit, que comercializa ropa. Ben hace de becario junto a otros mayores de edad, y lo designan para estar junto a la jefa, Jules Ostin. A ella le incomoda la idea de lidiar con ancianos como él, pero tendrá que acostumbrarse a verlo como amigo para manejar todo el estrés que le provoca su creciente éxito como emprendedora.

 A simple vista, el conflicto narativo parece iniciar precisamente ahí: cuando Ben inicia su rol de becario. Sin embargo, es algo que va más allá, porque se trata de la joven empresaria Jules y sus esfuerzos cotidianos por alcanzar el éxito, sumados a la difícil vida como madre de familia, con un esposo que es amo de casa. ¡Roles tradicionales invertidos!

 El punto de vista del filme es primordialmente liberal (en el buen sentido de la palabra), porque muestra a la mujer con un rol diferente del que tenía hace 50 años. Ya no es la señora que se queda en la casa a cuidar a los niños, ni tampoco la que trabaja a medio tiempo para complementar su salario con el del marido y sobrevivir. No. Es una mujer guerrera, ingeniosa, carismática y perseverante, que sabe lo que quiere y cómo lo quiere.

 Un punto de vista secundario desde el cual se desarrolla la trama es el conservador, pues tenemos a un Ben caballeroso, amable y viril, siendo que en esta nueva era se promueve la idea de que está bien ser un varón cobarde, afeminado y egocéntrico. Precisamente en esta dicotomía de puntos de vista es donde radica el atractivo más interesante del filme: critica a la sociedad machista que limita las capacidades de la mujer, pero también reclama un rol masculino de servicio al prójimo (valores que se perdieron parcialmente el siglo pasado).

 Los personajes secundarios no son planos en el pleno sentido de la palabra, podemos disfrutar de la armonía que crean todos en el ambiente: desde la work-a-holic Becky hasta el desafortunado Davis, todos tienen una chispa que aportar a la dinámica interpersonal que rodea a nuestros protagonistas. Eso sí, hay algunas excepciones, como la masajista Fiona y su cuestionable rol de coqueta. Pero bueno, dicen que a veces los personajes que no están casi nada desarrollados son útiles para resaltar las características de los que sí lo están.

 Momentos divertidos los hay bastantes, en situaciones que van surgiendo como nudos a lo largo del desarrollo narrativo. Se siente la energía y el suspenso, en empatía con los personajes y lo que viven, porque hay una buena complementación entre sonido e imagen a la hora de mostrarnos esto. Y además, otro factor clave de la calidad de este filme son las relaciones entre sus personajes: se sienten tan humanas, tan cálidas, algo que podrías ciertamente vivir en la vida real. Excepto por…

 No puedo juzgar holísticamente a de Niro, debido a que no conozco sus papeles en otro filme que no sea Taxi Driver. A partir de ahí, podemos afirmar con total seguridad que desempeña muy bien el papel de Ben. Esa es la esencia de una buena actuación: que nadie crea que sos vos en diferentes películas. No obstante, mis quejas no van contra el actor en sí, sino contra el personaje: es tan… tan… ¡optimista! ¡No encontrarías a alguien así en la vida real! Es más, podríamos resumir el 35% de sus líneas de diálogo con un: «Sí, ajá, me parece bien, claro, por qué no, qué más da, de acuerdo, bueno». Asiente demasiado y muestra una expresión de conformidad con cada cosa que le dicen, pero… pero… a pesar de esto, es innegable que el personaje funciona. Es justamente su rol el de servir de consuelo a los demás, de estar ahí para apoyarles, para ayudar en lo que necesiten en un ambiente de trabajo tan estresante donde nada sería más bienvenido que un anciano de actitud tranquilizadora.

 En cuanto a Hathaway, su actuación es también loable: nada que ver con la fría de sentimientos reprimidos que desempeña en Interstellar. Hace el papel de una jefa con hábitos extraños que dedica más tiempo a su empresa exitosa que a su familia, aunque preocupándos de ambos en igual nivel.

 Reitero lo de las relaciones humanas, porque es algo que te dejará maravillado sobre todo si sos introvertido o tímido, pero a la vez sentís curiosidad por cómo se relacionan las demás personas y querés un modelo a seguir para abrirte más. El guion nos muestra que hasta el mínimo detalle de las conversaciones cotidianas es importante para desarrollar una buena química con el otro, y que bien manejadas producen un ambiente de cordialidad y mutua confianza. Y lo más importante: ¡es entendible! Al diablo con esos guiones pretenciosos donde nos hablan de Juanfuchi que nosequécuántos hacía con la corporación Suputamare y deshidrataba el átomo pluscuamperfecto de Géminis y demás pavadas.

 Ya casi finalizando, es destacable también el trabajo de Stephen Goldblatt en la dirección de fotografía, con escenas bien encuadradas y una paleta de colores sencillamente agradable a la vista. También se aprecia mucho la creatividad puesta en el logo de la compañía About the Fit y sus diseños web. ¡Ver esta peli casi hace dar ganas de estudiar Diseño Gráfico!

 En general, The Intern tiene una falla, y es que es… no sé si sea la palabra correcta, pero, ‘para pasar el rato’. No es profunda, no es filosófica, ni tampoco creo que llegue a ser de culto, es simplemente… The Intern. Como drama-comedia es muy buena, este es el veredicto construido con todos los párrafos anteriores, pero no deja de provocar cierta sensación de que algo le falta para trascender, para llamar la atención de los grandes críticos profesionales (fuera de los aficionados pero talentosos Chris Stuckmann y Jeremy Jahns). Por lo demás, su asombrosa pecularidad es la que me motivó tanto a escribir sobre ella, y estoy seguro que dejará las mismas buenas impresiones a quien la vea.

Calidad: tan buena que otros te verán raro al estar sonriendo solo durante largo rato frente a la pantalla.

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