¿Historia o propaganda?

 Muchos individuos que se hacen llamar ‘historiadores’ tienden a cometer errores fatales a la hora de relatar hechos históricos. Estas fallas arremeten contra la objetividad, deber de todo profesional en su labor de contribuir a la sociedad.

 Algunos, más que historia, se dedican a hacer propaganda, ya sea por vender sus libros o porque tienen el cerebro lavado, por así decirlo. Si bien es cierto que es natural en el ser humano inclinarse por una ideología o por otra, poniendo la subjetividad antes que su objetividad a la hora de analizar las cosas, también es cierto que esto se puede y se debe cambiar en ciertas circunstancias.

 No somos robots, sí, pero somos la única especie animal conocida capaz de formar criterios objetivos, de analizar las cosas de un modo más o menos distante de ellas. Así como 2 más 2 es igual a 4, hay una infinidad de verdades en el mundo que no necesariamente están relacionadas con la ciencia, pero que tratan de explicar la realidad de la manera más verídica posible.

 Es entendible que mucha gente ejerce su profesión dejándose cegar por sus ideales, lo cual en parte está bien, ya que todos tenemos algo en qué creer. El error se da cuando gente que pretende llamar ‘objetivo’ a su trabajo no es más que propagandista.

 Lo peor es que esta insensatez no la cometen solamente historiadores, sino también muchísimos periodistas, ya que tienen que basarse en estas fuentes de vez en cuando para escribir artículos en retrospectiva y dar contexto a una noticia reciente. Decir que ‘los nazis eran malévolos y querían dominar el mundo’ es tan estúpido, infantil, fantasioso y poco profesional como decir que ‘la Edad Media fue una época oscura y totalmente privada de libertad de expresión’. De hecho, respecto a lo primero, el término correcto es ‘nacionalsocialistas’, ya que la palabra ‘nazi’, inventada por Konrad Heiden, es utilizada mayormente por comunistas y gente que abiertamente desprecia a la ideología del Tercer Reich.

 El problema a la hora de recopilar datos es ver solo una cara de la moneda y no la otra; o si vemos la otra, ver la parte distorsionada y no la fuente original. Por ejemplo, figurativamente hablando, el 90% de lo que sabemos sobre el fascismo proviene de fuentes antifascistas, ¿qué clase de objetividad podemos encontrar en libros de historia así? ¿No tenemos nosotros como ciudadanos derecho a que nos informen bien de las cosas?

 Hay también otros casos que rondan el extremo, como la conquista española. Mucho de lo que nos cuentan sobre ella en la escuela es que los españoles eran unos tal y unos cual, que esclavizaron a nuestros indígenas, que a estos se los trataba mal, que Colón fue el primero en descubrir América, etcétera. ¿Qué clase de objetividad sobre la época colonial podemos encontrar en fuentes anti-hispánicas, es decir, que alimentan la Leyenda Negra Española? ¿No somos los americanos hijos de dos culturas madre, la indígena y la europea? Barbaridades como la distorsión de esta parte de la Historia motivan la creación de frases como: “América no fue descubierta, fue destruida y saqueada”.

 De igual manera, es evidente la manipulación de la Historia que se hace en temas relacionados con la homosexualidad. Debido a esta moda del ‘movimiento gay’ que se viene gestando desde el siglo pasado, muchos tienden a tomar el prejuicio de ‘los gay siempre han sido discriminados, por tanto, a partir de ahora merecen que se hable bien de ellos sí o sí’. Esto lo podemos notar en el artículo de Wikipedia sobre Homosexualidad en la Antigua Grecia. Por suerte para nosotros, hay también gente que investiga y cuestiona estas ‘verdades’ para traernos artículos con el punto de vista contrario.

 Una gran verdad eterna y que siempre debemos tomar en cuenta es: “La historia la escriben los vencedores”. Si vamos a hablar sobre la Segunda Guerra Mundial, busquemos no solo fuentes a favor de los Aliados sino también a favor del Eje. Si vamos a hablar sobre la Independencia de Hispanoamérica, busquemos no solo fuentes libertarias de criollos y mestizos, sino también realistas de españoles. Si vamos a hablar sobre la Guerra de Corea, busquemos no solo fuentes surcoreanas, sino también norcoreanas. Porque, como decía alguien por ahí: “Miente, miente, que mientras más grande sea una mentira, más gente la creerá”.

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